Miguel I de Rumanía heredó el trono con solo seis años y, tras una juventud marcada por crisis políticas y la Segunda Guerra Mundial, recuperó la corona en 1940. Durante el conflicto apoyó el golpe de Estado que derrocó al dictador Ion Antonescu y rompió la alianza con la Alemania nazi. Sin embargo, la ocupación soviética llevó a que fuera obligado a abdicar en 1947, poniendo fin a la monarquía rumana e iniciando el régimen comunista. Rumanía permaneció bajo gobiernos autoritarios, culminando con la dictadura de Nicolae Ceaușescu, caracterizada por la represión, la censura y el deterioro económico. En 1989, una revolución popular derrocó y ejecutó a Ceaușescu, dando paso al fin del comunismo y al inicio de la transición democrática.